Macriman y su cruzada saintsimoniana. Del gobierno de los hombres a la administración de las cosas

Impregna el lenguaje y la acción del gobierno de Mauricio Macri una relación dicotómica entre “el vago” y “los laburantes”, el ellos y el nosotros.

Esa otredad otorgada al distinto no es casual ni inocente. Es provocada y amplificada por los paladines de una lógica mercantilista de las relaciones sociales y que pone énfasis en el aspecto laboral.

Por eso, de todas las polémicas políticas y discursos del gobierno nacional en los últimos meses, al que más hay que prestarle atención es al que refiere a las condiciones laborales en Argentina, con declaraciones públicas que apuntan claramente a una flexibilización laboral como la alternativa más relevante para que los señores empresarios se resuelvan por fin a invertir generando empleo y así enfilar hacia la utopía de la pobreza cero. Chamuyo. Son las mismas políticas economicistas que proliferaron desde la década del 70 en adelante en Latinoamérica (Chicago Boys) y cuyos resultados todos conocemos. Lo extraño, en todo caso es que en nuestro país el recuerdo de ese fracaso tiene menos de dos décadas y así y todo el presidente encuentra sus buenos apoyos.

macri 1El gobierno de Macri es post sainstimoniano, si se me permite el término. Saint Simón propuso pasar del gobierno de los hombres a la administración de las cosas, en los primeros años del siglo XIX, influido por la Revolución Francesa. En su momento, ese bagaje teórico fue progresista e incluso logró condicionar el pensamiento del propio Marx. Claro, hay una diferencia sustancial. Mientras Saint Simón ubicaba entre las fuerzas improductivas que no generaban riqueza al clero y a la nobleza, Macri identifica a “los planeros”, los pobres, los que reciben ayuda social o incluso los empleados del Estado, ese que el neoliberalismo quiere pequeño y que se dedique únicamente a garantizar las condiciones para el desempeño de lo privado. Un significante más amplio incluye a todo eso denostado: “Peronismo”.

Esta mirada es la que provoca que las políticas públicas se diseñen desde una planilla de Excel, como en los resonantes casos de tarifazos en los servicios públicos o quita de pensiones a las personas con discapacidad. “La administración de las cosas” podrá ser muy interesante para los CEOs en sus empresas multinacionales, pero sin “política” de y para los hombres los objetivos de una sociedad más igualitaria son sólo un recurso retórico.

Cierro son una frase que Marguerite Yourcenar le atribuye a Adrianmacri 2o y que aplica sin miramientos a la flexibilización laboral que se viene: “Dudo que toda la filosofía de este mundo logre suprimir la esclavitud. A lo sumo le cambiarán el nombre”.

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