Inmigración, discriminación y trabajo infantil desde la óptica del Cónsul boliviano

Néstor David Condori Coarité es desde enero el Cónsul boliviano en un vasto territorio que incluye toda la Patagonia menos La Pampa más el partido de Patagones.

Metódico, al ser contactado el funcionario de Relaciones Exteriores del gobierno de Evo Morales, preguntó cuáles eran los tópicos de la entrevista. Recién después pidió 24 horas y accedió a hablar, no sin antes apuntarse en unas hojas A4 los ejes centrales que deseaba destacar más allá de las preguntas.

Es inevitable en la charla de casi 40 minutos pasar por el tema discriminación. La gran comunidad boliviana de la región no deja de ser en ocasiones señalada por vecinos, instituciones y hasta medios de comunicación con conceptos peyorativos alejados de cualquier análisis serio. El cambio de época a nivel nacional y el discurso demagógico de que todos los males provienen de las permisivas políticas inmigratorias generan distorsiones tan peligrosas como irreales. Por ese carril comienza la entrevista.

-¿Argentina es un país receptivo para el ciudadano boliviano o desde lo normativo hay trabas?

-El boliviano que ingresa a la Argentina cuando tiene la documentación no tiene problemas. Los hermanos argentinos y argentinas conocen que el boliviano es muy honesto, le gusta trabajar, cumple más de ocho horas para obtener una remuneración planificada y obtener recursos en las temporadas agropecuarias o de elaboración de ladrillos. El boliviano trabaja honestamente.

-¿Hay casos de discriminación?

-En algunos casos se presentan. Nosotros coordinamos con las autoridades para evitarlos.

-¿En qué casos puntuales hay discrminación?

-No hay una discriminación puntual en las instituciones públicas. Todos acuden a un hospital, a una escuela. Las leyes argentinas son claritas sobre la atención obligatoria.

¿Y en el trabajo?

-El ciudadano boliviano que no haya entrado legalmente va a tener problemas a la hora del trabajo. Ahí surge el acto de discriminación, en cuanto a la forma de pago por el empleador, ya que si no tienes documentos no te pagan lo correcto.

-Ahí viene la preocupación por estar en regla.

-Conociendo la situación, el boliviano prefiere tener la documentación en orden y nosotros orientamos en ese sentido.

No obstante, hay un reconocimiento generalizado en la zona sobre el progreso de la agricultura en el Idevi gracias a la comunidad boliviana.

-El boliviano se traza un objetivo y no limita esfuerzos para conseguir la respuesta económica. Cuando hay vacaciones se queda trabajando, utilizan el tiempo lo más que pueden. Por esa razón hay mucho aprecio de los hermanos argentinos. Se ve en la feria municipal, donde hay productos sanos, de primera mano que puede conseguir el hermano argentino.

-¿Con la baja del precio de la cebolla hay preocupación?

-Si, es una preocupación y esperemos que el problema se supere para el bien de nuestros hermanos.

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El desarraigo no es gratuito. Emigrar en busca de un futuro mejor suele ser un proceso complejo y muchas veces desolador. Argentina ofrece sus oportunidades, pero un boliviano no deja de ser un extraño hasta cerrar un proceso de adaptación, en el que son claves los que ya están consolidados en la región.

-¿Qué es lo que más extraña un boliviano cuando viene a una tierra lejana como la Patagonia argentina?

-La tendencia es que el esposo viene a trabajar y luego viene la familia. Vienen con sus propias costumbres, sus comidas e incluso con la celebración a sus santos de las distintas festividades. El boliviano tiene conocimientos de artesanías y comienzan a trabajar acá. Y practican el “hoy por ti, mañana por mí”.

¿Hay incertidumbre en el proceso inmigratorio?

-Uno no sabe dónde está llegando, con qué gente está trabajando. Pero los bolivianos son muy atentos y los que ya están y son conocedores de la región van orientando al recién llegado.

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Si bien hay detección de trabajo infantil en zonas rurales o en el ámbito de la construcción donde se desempeñan familias argentinas, una diferencia cultural hace que a simple vista se observe a nenes y nenas bolivianos o argentinos hijos de bolivianos trabajando en la cosecha o en los hornos de ladrillo. Es complejo romper la tradición, pero Condorí Coarite reconoce que hay que adaptarse a las leyes argentinas.

Muchas veces se realizan operativos del Estado argentino que detectan chicos trabajando, cosa que en Argentina no está permitido. ¿Se trata de una cuestión cultural?

-En Bolivia un menor de edad no puede trabajar. Lo que pasa es que a partir de la realidad y del proceso de formación del niño, empieza a ayudar en la manutención de la familia. No trabajan al cien por ciento. La normativa obliga a la asistencia a la escuela primaria y secundaria, para que el niño no sea explotado laboralmente.

-Pero reconoce que aquí se da esto de niños trabajando.

-Reconocemos que la característica del boliviano es que la familia trabaje en equipo. La esposa ayuda al marido, los hijos también. Es una forma de trabajar en comunidad. Sin embargo la normativa argentina es clarita, los niños no pueden trabajar, y nosotros hacemos esa labor de concientizar de que el niño en edad escolar no puede trabajar.

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Mientras el cronista espera por la atención de parte del Cónsul, sale de su oficina una pareja joven con un bebé en brazos. Se saludan respetuosamente con el funcionario y enfilan hacia el patio salesiano de la Manzana Histórica, esa que Jorge Ferreira recuperó para los viedmenses no sin polémica.

Está fea esa parte de la Manzana Histórica. Unos puntales precarios sostienen el techo de la galería que brinda reparo a la oficina del Consulado, que a su vez es suelo del primer piso del viejo colegio salesiano. Los azulejos que recuerdan el paso de Ceferino Namuncurá por la institución distraen brevemente la atención de la pareja de bolivianos que salen hacia la calle Colón.

Esa familia dio un paso más en su proceso de radicación en la Argentina.

-¿Cuál es la principal tarea que tiene el Consulado en la región?

-Defiende los intereses del Estado y de los ciudadanos bolivianos y bolivianas. Brindamos la atención en el marco del respeto a las leyes y autoridades argentinas. También fomentamos el desarrollo de las relaciones económicas, culturales y científicas de ambas naciones.

-¿En qué jurisdicción se desempeña este Consulado?

-Abarca toda la provincia de Río Negro y la Patagonia incluyendo Patagones.

-¿Cuál es la cantidad de ciudadanos bolivianos que habitan la provincia de Río Negro?

-Aproximadamente cinco mil, de los cuáles dos mil viven en Viedma y su zona de influencia, desde hace bastante tiempo. Inclusive hay paisanos y paisanas que se han nacionalizado argentinos por cuestiones de trabajo fundamentalmente.

-¿Qué viene generalmente a buscar un ciudadano boliviano cuando llega al Consulado?

-Cuando pierden su documento de identidad, o buscando un salvoconducto para retornar a Bolivia. Extendemos también certificados de nacionalidad que le permite al boliviano tramitar la residencia, al igual que certificados de nacimiento para los hijos nacidos en Argentina para que los niños puedan tener la doble nacionalidad.

¿Detectan un número importante de bolivianos residentes ilegales en la región?

-La mayoría ha obtenido la radicación y tienen sus documentos. Hay que tomar en cuenta que muchos vienen por temporada, con los 90 días autorizados como turistas, que en algunos casos extienden el tiempo y ahí si tienen dificultad. Desde el Consulado los orientamos para que no tengan ese problema, porque ahí vienen las sanciones y las multas que aplican las leyes argentinas.

¿Cómo llega usted a Viedma?

-Nosotros nos consideramos soldados de nuestro país. Donde nos convoquen estaremos firmes dando nuestro trabajo donde corresponde.

-¿Cuál es su trayectoria en el gobierno de Evo Morales?

-He trabajado en el ministerio de Relaciones Exteriores y de Educación.

 

¿Quién es?

Néstor David Condorí Coarite tiene 50 años y en enero dejó su país para llegar como Cónsul a Viedma.

Es licenciado en Matemáticas, en Administración y en Pedagogía. “Aún estoy en proceso de formación, cursando posgrados”, advierte sobre su proceso de formación permanente.

Aguarda con expectativas que próximamente su esposa llegue a Viedma para acompañarlo. Tiene cuatro hijos de 21, 19, 10 y 3 años. “Mis hijas mayores están estudiando y tienen que concluir allá”, aclara. Los dos más pequeños engrosarán la querida comunidad boliviana de Viedma dentro de algunas semanas.

Viene de La Paz, donde nació. “Soy paceño, estamos a más de cuatro mil metros sobre el nivel del mar”, afirma y enseguida aparece como un flash la imagen de la selección de Bauza sin poder mover los pies.

Su llegada a Viedma estuvo correcta. “Fue en enero hacía calor, así que me adapté rápido”. Ahora se viene el frío y las cosas serán distintas. Pero de esfuerzo y objetivos, los bolivianos saben mucho.

 

 

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