“El liberalismo no soluciona los problemas y hace que siempre haya más pobres”

 

Puntualmente a las 8, como habíamos acordado, golpeamos la puerta del obispado, sobre la calle Irigoyen, a metros de la entrada principal de la Catedral viedmense. Sin intermediarios, monseñor Esteban Laxague, Obispo de Viedma, nos abrió con una sonrisa.

“Pasen, cuidado con la escalera”, advirtió sobre esos tres escalones rumbo al pasillo principal del edificio histórico. A la izquierda, la primera puerta comunica con su oficina. Una biblia y el proyecto de ley sobre tierras fiscales son parte de cientos de papeles y libros que ofician de escenario cotidiano. “Este proyecto de ley no contempla la opinión de los pueblos originarios”, dirá una hora más tarde al momento de despedirnos, y recordará que el lunes una movilización provincial a Viedma hará el reclamo pertinente.

La situación social, el neoliberalismo, la violencia y la figura del Papa Francisco son los ejes en los que se estructuró la charla.

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-¿Qué momento social se está observando desde la visión del Obispo de Viedma?

-La gran deuda social que tenemos es la falta de trabajo. El trabajo es la fuente de la dignidad de las personas y de las familias. El trabajo pone de pie a las personas, les da el sentirse alguien además de obtener los recursos para adquirir lo básico para la vida.

-¿Es un tema de ahora o de siempre?

-Hace 15 años que estoy en Río Negro y veo que no se han incrementado las fuentes de trabajo. Hubieron intentos como Alpat,  la mina de Sierra Grande que ahora está en la mínima expresión. La fruticultura en el Valle Medio se ha ido deteriorando significativamente. La obra pública ha disminuido mucho. La falta de trabajo es la señal más preocupante.

-Usted marca al trabajo como un gran pilar.

-Cuando falta el trabajo todo se deteriora. Las relaciones, la serenidad, crece la angustia, la preocupación. La familia se ve con inseguridades.

-En pocos días se reúnen los obispos de todo el país. ¿Qué espera de la reunión?

-Vamos a palpar la realidad de todo el país, que es muy distinta. El conurbano bonaerense en este momento no es como Viedma. Esta ciudad es una ciudad estatal y hay muchos sueldos públicos, y mientras los sueldos se garantizan, la ciudad no manifiesta tantas angustias. El conurbano de Buenos Aires o de Rosario nos va a dar otro pulso.

-Usted recorre de Sierra Grande a Río Colorado y de Viedma hasta Chelforó. ¿Qué ve?

-Situaciones dispares y preocupantes, sobre todo en Sierra Grande y Valle Medio. Río Colorado también está muy postergada, estuvo muy castigada por heladas en el invierno, incendios en verano, inundaciones. Eso afecta el hoy y el futuro. Hay otros pueblos que no alcanzan a encontrar una salida como Conesa o Valcheta. El campo en la Meseta de Somuncura se ve muy poco poblado, producto de la sequía, la ceniza, quedaron algunos hombres solos y la familia emigró. Se van cerrando escuelas como la de El Tembrao, y es una señal preocupante porque significa que no hay más niños en la zona.

Fuera de lo coyuntural, ¿Qué le preocupa más a largo plazo?

-Cosas más profundas que son esenciales. Se van deteriorando las relaciones entre las personas.

Se observa un crecimiento de la violencia.

-Hay mucha violencia de puertas adentro, en la familia, tanta violencia de género, tantos crímenes. Hay indiferencia, individualismo. Como ciudadano y creyente es lo que más a uno le preocupa. Los que profesamos la fe estamos más interpelados a vivir la comunión y la fraternidad. Hay un gran deterioro de las relaciones y los vínculos. Perdemos la capacidad de pensar y por eso no cuidamos lo esencial de la vida, que es el cuerpo y más allá de eso el buen vivir y el bien vivir, que implica el cuidar las relaciones de familia, fraternales, de vecinos.

Esa relación vecinal se ha enfriado en líneas generales.

-Es muy difícil vivir pared de por medio con alguien que no nos podemos saludar, no tenemos confianza, tenemos miedo, con historias que no nos animamos a arreglar, a conversar. ¿Quién no necesita de su vecino? El tema de las relaciones cotidianas es lo que más me preocupa, porque se traslada a las relaciones institucionales.

* * *

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La grieta social, económica y judicial

Se ha instalado el concepto de “grieta”. ¿Cree que eso existe en la sociedad argentina?

-Es un término para expresar una realidad que lamentablemente existe. Nos falta caminar mucho como pueblo. A nivel económico sigue marcándose cada vez más que hay unos pocos que tienen mucho y muchos que tienen demasiado poco. A nivel social unos se creen dueños de la verdad y otros no tienen voz. A nivel de la justicia, es demasiado unilateral, privilegia siempre a un sector y no a otro. El 99 por ciento de quienes están en las cárceles son personas marginadas y jóvenes, mientras convivimos diariamente con muchas personas que cometen delitos y no están en las cárceles.

-¿Se puede revertir esa grieta?

-Ojalá no se vuelva un muro o un monstruo que nos da miedo. Que la grieta sea una oportunidad.

-Más allá de lo ideológico, se observa la grieta económica.

-En Argentina hay sectores muy postergados y otros que tienen demasiado. En estos años se han hecho muchas cosas lindas, pero hay que seguir. El derecho a la vivienda, por ejemplo, es urgente.

¿Cree que el modelo económico del gobierno del presidente Macri va a achicar o profundizar esa grieta entre los que más y los que menos tienen?

-El modelo económico está basado en el capital y es siempre el mismo. Por ahí se dan acentuaciones más humanas y tienen en cuenta al todo de la población y otras veces no. Cuando todo el desarrollo está enfocado en el rendimiento económico, ese modelo fracasa siempre porque beneficia a muy pocos y deja a muchos tirados en el camino. El Papa Francisco lo explica sencillo. La teoría del derrame no está funcionando ni va a funcionar. El desborde nunca llega porque se eleva la contención del recipiente que retiene las ganancias.

-Es el neoliberalismo.

-El capitalismo, el liberalismo no solucionan los problemas y hace que siempre haya más pobres. Gobiernos anteriores apuntaron a un capitalismo más distributivo. Este gobierno está buscando salidas, pero la lentitud se hace sentir en la necesidad y la pobreza de muchas personas. La inflación hace que el poder adquisitivo del pobre sea menor y que los servicios públicos sean costosos y lejanos para un gran porcentaje de la población. Esto repercute en los estados municipales y provinciales.

-Esos estados también reciben menores recursos y tienen más obligaciones de asistir socialmente.

-Ojalá no existiera el asistencialismo, que es tan denigrante, pero a veces hay que acudir porque con sus propios recursos no llega a las necesidades básicas. Todos quisieran ganar su sustento y no depender del Estado, pero al faltar trabajo y los sueldos que no le ganan la inflación, se van incrementando las necesidades día a día.

En definitiva, es el sistema.

-Si el capitalismo no cuida la redistribución, las fuentes de trabajo, la obra pública, es un sistema que genera muchas tensiones, violencia, dejando gente al borde del camino y atenta contra la paz social porque las necesidades urgentes no satisfechas generan angustia, y eso va a ir creciendo si no se toman medidas paliativas y de largo plazo como la generación de trabajo y el cuidado del salario, donde también está la dignidad.

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El Papa Francisco, “un regalo grande”

Es el mismo tono del resto de la charla, pero sus ojos desbordan admiración cuando Laxague habla de Francisco y su legado.

-¿Qué significa la figura del Papa Francisco, que ha puesto en el debate muchos temas que la Iglesia se ha negado a conversar?

-El Papa Francisco ya lo hacía como Arzobispo de Buenos Aires: nos ayuda a pensar que la fe en Jesucristo es auténtica si trae esa novedad en la historia. El Evangelio si uno lo toma en serio es revolucionario, una palabra que a veces no se quiere usar, pero cambia la manera de pensar y de actuar. Francisco está ayudando a pensar que Jesús quiere la vida plena en todos los hijos de Dios y eso es apostar por el bien vivir de todas las personas. Su mensaje es entusiasmante porque responde a lo que todo ser humano tiene en su corazón. Por eso convoca a creyentes, a no creyentes, de religiones distintas, agnósticos, ateos. La propuesta de él es para todos, hombres y mujeres de buena voluntad con deseos de paz y justicia.

-También ha planteado fuertes mensajes hacia adentro de la Iglesia.

-Nos dice que tenemos algo que no nos pertenece, que es Jesús, el Evangelio, y que no tenemos que guardarlo, entonces nos pide que seamos más misioneros, con hechos, con palabras, en las periferias sociales, de puertas abiertas. Pero también el Papa mira el universo entero y por eso sacó esa carta que todos los políticos deberían leer donde habla de la creación y del cuidado del medio ambiente, donde pone en juego muchas verdades que si no las aceptamos por las buenas vamos a tener que aceptarlas por la fuerza. Hay que descubrir que la felicidad no está en tener, sino en ser persona.

-¿Interpela al creyente todo el tiempo?

-Es que a veces se plantea que la fe es rezar. Y es mucho más que rezar. Los reduccionismos siempre son negativos. El Papa es un regalo grande. Estamos en deuda con lo que él dice porque nos supera ampliamente. Esa carta sobre la creación fue silenciada.

-¿Hay movimientos conservadores dentro de la Iglesia a las que no les gusta el Papa?

-Como toda construcción humana, hay quienes van adelante, quienes frenan, quienes tienen miedo, quienes no se han subido al tren. Todo cambio, toda novedad genera adhesiones y rechazos. Pero él lo valora, porque está convencido de que la confrontación va nacer la verdad, no siente que tiene la verdad. Arremete para adelante, pero está abierto a críticas, las estudia y las evalúa.

-¿Cuál cree que será el mensaje que dejará el Papa?

-Su magisterio marca una época. Ojalá estuviéramos más abiertos a todo lo que nos dice. Estamos muy dormidos todavía. Que muchos jóvenes, aún no siendo de la Iglesia, se sumen a tantas ideas que nos va sembrando. Si la Iglesia católica queda dormida, Dios va a hablar a través de otras personas y de hecho lo está haciendo. Por eso el Papa le pone la ficha a los movimientos populares que no son de la Iglesia, sino de los pueblos, como los pueblos originarios, que no necesariamente son católicos, pero el Papa apoya esa cosmovisión.

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